El Hospital Puerta de Hierro organiza microespectáculos para sus pacientes.

Juan Parrilla, José F. Juarros y Mario Montoya llenan la sala de flamenco y jazz

Paco de Lucía, Rossini y hasta la ‘chica de Ipanema’. Ninguno ha querido faltar a la cita. Todos ellos han sonado esta mañana en la planta de Oncología del Hospital Puerta de Hierro de Madrid, donde se ha celebrado uno de los microespectáculos del ciclo ‘Música en vena’.

Este proyecto lleva la firma de Ricardo Cubedo (oncólogo del centro), y Virginia Castelló, diplomada en Magisterio, voluntaria de varias asociaciones oncológicas y firme defensora de la música como terapia. Entre ambos han traído hasta el hospital a Juan Parrilla (considerado uno de los ‘príncipes’ de la flauta flamenca), acompañado de José Francisco Juarros (director y fundador del centro ‘Aula de Músicas, en Madrid’) y Mario Montoya (miembro fundador y compositor de la música de la compañía de Sara Baras).

Un cartel de lujo para un público de lujo. Allí, como en familia, Dolores escucha atenta junto a su hija. Ingresó ayer por un cáncer de pulmón que le diagnosticaron hace cinco años. Entre el auditorio conviven con naturalidad la camilla de otra paciente, varias sillas de ruedas, algunos goteros y, apiñados más al fondo, médicos, enfermeros y celadores que no han querido perderse la cita. La primera sesión de ‘Música en vena’ llevó hasta Puerta de Hierro al mago Rafael Benatar, y la idea de sus promotores es repetir al menos una vez al mes; la próxima: Rosario Flores.

Como explican los ‘padres’ del invento, la idea es envolver al paciente en un ambiente agradable mientras dura su ingreso en Oncología; y de hecho planean ya ampliar el proyecto para poder llevar la música a las habitaciones de manera individualizada. “Incluso hemos probado a que Virginia acompañe con una audición de música relajante a un paciente que se iba a someter a una punción lumbar, que es un procedimiento muy doloroso”, explica el doctor Cubedo.

Jazz, bosanova, una bulería a cuatro manos entre la flauta y la guitarra (“y eso que el flamenco a estas horas…” bromea Mario) y hasta un dúo de flauta para interpretar a Rossini. El público no deja de aplaudir aunque Marta, de 34 años, se queda con ganas de alguna alegría. Se lo pide su cuerpo de bailaora, que acompaña con las palmas todos los palos.

Para ella, explica, estos treinta minutos de música son un bálsamo más eficaz aún que la morfina que entra gota a gota por sus venas. “Me duelen los huesitos”, bromea con salero antes de descalzarse y animarse a bailar unos acordes con Virginia. Esta misma tarde espera irse de alta, y aunque sabe que su tumor en fase IV le obligará a volver pronto, se lleva la música en el cuerpo. “¡Qué te quiten lo bailao!”, le dice Parrilla a modo de despedida.

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